Pero en el caso de gobiernos que se dicen de izquierda donde se
supone que el Estado tiene un rol de impulsor de procesos de cambio
incluyentes en lo social y económico, ¿cuál es la explicación?

En este contexto resulta práctico o casual que UNASUR esté tan
debilitada y hasta la fecha todavía no exista acuerdo sobre el nuevo
secretario general. El mismo presidente Correa en su gira a Francia en
noviembre 2013 menciona que existe “una desaceleración del proceso
integracionista” de UNASUR, que “puede ser por descuido nuestro (de los
presidentes)”, pero igualmente por “un poco de mala suerte” por la
muerte del argentino Néstor Kirchner y el venezolano Hugo Chávez,
promotores de la iniciativa (América Economía, 2013).

A la par hace pocos días, el presidente Mujica critica al Mercosur y
sus instancias de resolución de conflictos. El menciona que Mercosur
“tiene un problema interno” (Infobae, 2014). En paralelo, y sin mucho
detalle en los últimos días han anunciado que Mercosur tiene intenciones
de firmar un acuerdo comercial con la Unión Europea (El País, 2014).

Todo esto resulta muy conveniente para la ofensiva mediática y de los grandes gremios empresariales.

¿Pero no se están dando cuenta de lo que sucede o simplemente estos
gobiernos no son tan progresistas como para generar alternativas y
tienen que sucumbir ante los intereses de ciertos grupos?

¿Los países van a ceder ante grupos de presión y aceptar que ellos
los mantengan o sigan manteniendo bajo su control o es una muestra de
incapacidad para resolver los problemas económicos internos y los de la
integración?

¿No se puede al menos asumir una posición negociadora de bloque?

Los dogmáticos del libre mercado, dirán es que no hay alternativa. Y
esto es falso porque no hay alternativas cuando no se las quiere
construir ni en la derecha externa ni en la derecha interna. Se puede
plantear una negociación bloque a bloque MERCOSUR – Unión Europea (UE).
Para eso se debe evaluar el espíritu de negociación de las partes y no
tolerar presiones que faciliten la desintegración. No se pueden aceptar
presiones gremiales para aceptar cualquier cosa. Además, ¿una reducción
de aranceles amerita sacrificar las políticas que estos países tienen a
su disposición para generar los anhelados cambios estructurales?

Estas arremetidas muestran los problemas de las estrategias de los
gobiernos progresistas en su relacionamiento con el sector privado. Los
grandes gremios supieron imponer sus visiones, secundadas por ciertos
medios y los gobiernos en la práctica están aceptando sus imposiciones,
incluida la del acuerdo de libre comercio con la Unión Europea.

Finalmente, si las pequeñas y medianas empresas dejan de participar
en compras públicas, esto no es problema para los gremios o las grandes
empresas. Si las farmacéuticas nacionales desaparecen y dan paso a las
transnacionales tampoco es un problema para los grandes gremios.

Ante esta incapacidad resulta incoherente que los llamados gobiernos
progresistas caigan en la trampa de la derecha que quiere reglas
impuestas desde afuera.

Si se pueden generar alternativas a ser construidas con las micro,
pequeñas y medianas empresas, en estrategias de diferenciación de
productos, introducción en redes de comercio alternativas, mejoras de
productividad que no afecten a trabajadores, trabajo en redes
productivas, por mencionar algunas.

Es un error asumir que una camisa de fuerza será la salvación de un
país o la región. Uno podría hasta entenderlo en algunos países del
norte donde lo que se quiere es mantener lo alcanzado pero no en países
periféricos que recién están empezando a despertar (si es verdad,
algunos tardíamente) para hacer frente a situaciones de inequidad y
desigualdad no vistas en otras regiones. Mantener el statu quo es útil
para los dogmáticos que defienden regímenes de dependencia a monopolios,
oligopolios u otras estructuras de dependencia como los negocios
inclusivos.

Lo más doloroso vendría cuando las crisis económicas obliguen a los
países a salir de estas camisas de fuerza. En ese caso los más afectados
serían los más vulnerables como sucedió en Argentina cuando se rompió
la convertibilidad.

Habrá quienes podrán decir que si no se firman estos acuerdos se
producirá el apocalipsis, el caso de México a los veinte años del TLCAN,
así como los mismos estudios realizados por la Unión Europea muestran
lo contrario.

Aquí surgen algunas hipótesis, la primera es la evidencia de que
estos gobiernos no supieron mantener sus posiciones de integración ni
generar alternativas no entreguistas con el sector privado. Otra mirada
podría que ser que en lo económico estos gobiernos deciden apostar por
las estrategias de la derecha.

En cualquiera de los dos casos implícitamente se podría acelerar una
futura crisis. La derecha mira su parte y no le interesa el bien común.
Algunos empresarios piensan aumentar sus ventas, pero no ven los riesgos
en los incrementos de importaciones de bienes y servicios o la
participación en las compras públicas de empresas foráneas o la
situación asimétrica en propiedad intelectual.

Habrá que mirar con beneficio de inventario, verificar y analizar en
detalle lo que los negociadores digan sobre estos “acuerdos
maravillosos” que se podrían negociar de forma express. Recordemos que
en la visita presidencial a Alemania en el mes de abril 2013 la misma
Ángela Merkel dijo en la rueda de prensa que lo único que la UE puede
ofrecer es un “acuerdo de libre comercio”, no voy a ahondar en las
razones de por qué este acuerdo es inconveniente para el Ecuador y la
región , pero si recordar una vez más que la Unión Europea necesita
salir de la crisis, su situación económica tiene graves consecuencias
sociales y políticas y quién lleva la batuta en las decisiones
fundamentales europeas es Alemania.

No falta quién crea que ante la debilidad económica, la UE podrá
aceptar algo distinto pero los hechos muestran la cruda realidad cuando
por ejemplo en Ecuador hasta la fecha no se ha continuado con la
obligación constitucional de denunciar los TBI, proceso inconcluso para
no indisponer a los europeos. En otros países de la región esto ni
siquiera está en la agenda.

¿Los negociadores podrían conseguir algo distinto?

Stiglitz envío hace unas semanas una carta a los negociadores del
acuerdo transpacífico (TPP) alertando sobre las implicaciones para la
salud pública de un acuerdo poco transparente, característica de estas
negociaciones comerciales. El presidente Correa en la reunión de abril
2013 en Berlín con inversionistas, les dijo que falta muy poco para
ponerse de acuerdo, ¿es así? ¿Son acuerdos express? Recordemos que
cualquier concesión que se le otorgue a Ecuador tendrá que ser concedida
a Colombia y Perú, lo que implica rever sus acuerdos ya firmados.

En todo caso, surge ahora un aspecto no contemplado, la clausula
democrática en la que la UE promueve “libertad, democracia, respeto a
los derechos humanos, libertades fundamentales y Estado de Derecho”
(OPDP).

Fuentes:
– América Economía (2013), consultado en
http://www.americaeconomia.com/politica-sociedad/politica/rafael-correa-cree-que-integracion-en-unasur-se-desacelera,
9 de noviembre 2013
– Diario El País (2014) consultado en
http://www.elpais.com.uy/informacion/dilma-recibio-mujica-quieren-acuerdo.html,
14 de enero 2014
– Infobae (2014) consultado en
http://www.infobae.com/2014/01/11/1536438-mujica-cuestiono-el-rol-del-mercosur-su-conflicto-argentina
– Oficina de promoción de la democracia – ODPD Parlamento Europeo


Publicado en
http://www.surysur.net/2014/01/america-latina-se-desviste-como-mexico-y-opta-por-acuerdos-de-libre-comercio-express/